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Por Carlos Danilo Pastor. Será cuando se instaló la estancia La Suiza en 1910? ¿o cuando en 1914 se vendieron los terrenos al norte de las vías? ¿o porque no, cuando los pobladores sin preocuparse de los formalismos ya en 1908 llamaban a su terruño sin nombre simplemente El Pueblito? Saberlo es una cuestión de principios… Yo me siento plenamente identificado con esos espíritus fundacionales…

Con sus sacrificios, sus arrojos y entrega, su ser solidario y hasta con el silencio contemplativo de sus solitarias noches, que, desde adentro del monte chaqueño, se elevaban como la más pura oración a Dios.

Su nombre… quién sabe? Si era por la esposa india de algún olvidado patriarca, o la imposición del acaudalado, que por ello solo, creyese con derecho a imponerlo.

No importa a esta altura… La vorágine del crecer olvidó parte de esa historia, que por entonces no se consideraba como trascendente. Eran los primeros años y había que darle duro a lo que importaba… Evidentemente escribir no lo era.

Pero en ese entonces – allá por 1914 – ya había un grupo numeroso de pobladores que, por sentido de pertenencia común, podía denominarse “un pueblo”. En sus inicios se perfilaba como un doble grupo de vecinos, separados entremedio por un desaparecido cementerio. El Pueblito – hoy Pueblo Viejo y el Pueblo, hoy el centro.

Digamos que en El Pueblito, borrado en sus orígenes, vivían descendientes de aquellos fortineros que fueron quedando en el camino por sus dolencias y achaques, cuando se conquistaba el chaco, viniendo de Tostado para encontrarse con las columnas de Salta y Corrientes, y mimetizándose con los aborígenes fueron haciendo la patria chica.

Por el otro lado, en la búsqueda del noble quebracho, y con el avasallan te ferrocarril que llega en 1913, más la mano de obra necesaria para la industria del madero que es fuertemente requerida, El Pueblo hasta se anima a tener nombre… Villa Angela nace y crece vertiginosamente en años de su primera década. Farmacia, Juez de Paz, Destacamento Policial, Casas de Comercio, Herrería, Aserradero, Ladrillaría, y hasta una fábrica de soda y chinchibira – la por entonces popular gaseosa- conforman mi pueblo de entonces.

Desde 1916, con el Registro Civil, escribir la Historia ya es más fácil. En las fondas de don Ludovico y don Benigno, se reúnen los obrajeros, hacendados y comerciantes. Era el centro obligado de los encuentros. Apareció una escuela, la 11 y hasta dos clubes rivales, Quebracho y Huracán. Era 1917. También aparece el primer cultivo de algodón, el primer cura y hasta el primer tractor.

¿Cómo no tratar de horadar las mentes de los pobladores de entonces y preguntarnos el porqué de sus rostros adustos? ¿El porqué de sus risas ?, el cómo de sus conquistas amorosas? ¿Pensar en sus bailes, en el sufrimiento por sus muertos, en las angustias por el familiar enfermo sin posibilidades de un doctor? ¿Cómo hacer para entender los profundos pensares por los familiares dejados del otro lado de los mares, en su Europa gringa?

Y en 1919, aparece el primer liderazgo con visión de futuro, que se nota en la primer Comisión de Fomento o en el primer periódico La Palanca. Dn Abelardo Casullo, Mario Pellerano y Ramón Arguelles.

En el ’20 aparece los Dres Juan Cámpora y Vicente Álvarez. En el ’21 la inundación que anticipa un destino de convivencia periódica y repetida con las aguas. En el ’22 el primer destacamento de gendarmería con 25 hombres, y que se asientan en lo que hoy es Pueblo Diaz, a casi 10 km de la ciudad. Y aparece otra Escuela en escena, la 82

En el año 1923 se crea la Municipalidad electiva, la preside el Sr. José Gea y tiene como secretarios a Máximo y a Eugenio Salom.

En el ’24 recordamos que hay crisis económica, pero a este pueblo no lo paraba nadie y seguía construyendo casas de material. En el ’25 aparece el Correo, la desmotadora Rio de la Plata y se construye la caminera La Chaqueña.

El 1926 fue un año de gran crecimiento. Nació el Club Unión Progresista, el periódico El Bien, una nueva Comisión de Fomento Municipal, y aparece la electricidad con el motor de la Usina.

En 1927 se inaugura la extensión del ferrocarril hasta Colonia El Ñandubay, la Biblioteca del Salón Israelita y se comienza la construcción de la Iglesia Católica.

Y en 1928 ya el pueblo es importante… Hasta el Banco Nación tiene su sucursal que inaugura este año. Y entre 8 y 10 horas tardaba en hacer los 100 km hasta Charata el servicio de mensajería en automóvil inaugurado.

En 1929, se instala la firma Lobato y Luengo, se lotean y comercia las tierras. Se crece y así llegamos a 1930, donde se instala la Central Telefónica, junto a la fábrica de Aceite de Molinos Rio de la Plata, la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos y el primer aterrizaje de un avión que se aprovecha como vuelo de bautismo para muchos pobladores.

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