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Tomás Montemerlo, fundador de Voy con Vos, quiere expandir su programa de becas en la zona de El Impenetrable.

En 2015, a los 28 años, Tomás Montemerlo tomó una decisión que demuestra que su espíritu es tan solidario como arriesgado: dejó su cómoda vida en Buenos Aires con el proyecto de dedicarse de lleno a trabajar para mejorar la educación en parajes rurales. Para eso tuvo que mudarse a Tres Isletas, un aislado pueblo ubicado en el centro-norte de Chaco, donde ya está marcando una diferencia. En sólo dos años, Tomás logró que su programa pasara casi a duplicar la cantidad de escuelas a las que llega, ayudando hoy a más de 300 chicos a terminar el secundario.

Vine al pueblo por primera vez a los 17 años, con el colegio. Ver la situación de aislamiento y abandono de las escuelas nos hizo a mí y a mis compañeros darnos cuenta de la necesidad de hacer algo para que los chicos terminaran la secundaria“, comenta Montemerlo, quien en 2015 ganó el premio Abanderados de la Argentina Solidaria.

En 2007, entonces, Tomás fundó Voy con Vos, un programa que acompaña a jóvenes de parajes rurales a continuar sus estudios en el pueblo más cercano mediante seguimiento de tutorías personalizadas, el financiamiento de sus estudios y el involucramiento de sus familias.

“Crecimos de a poco. Arrancamos en dos escuelas, en 2015 llegamos a seis y ahora estamos en diez, trabajando incluso al norte de El Impenetrable. Muchos chicos acá terminan séptimo grado y abandonan los estudios. Al participar en Voy con Vos pueden continuar en otra institución, viviendo allí en residencias de lunes a viernes”, agregó el joven, quien ahora tiene a siete personas (todas locales) trabajando para la fundación en Chaco. También colaboró en la construcción de aulas y gestionó la apertura de una secundaria rural.

Pronto sumaremos cuatro instituciones más en El Impenetrable. La idea es replicar los programas en la nueva región y llegar a 18 escuelas a fines del año que viene“, comentó Tomás. Como su fundación se financia a través del aporte de los voluntarios, remarcó la necesidad de que más gente se sume a apadrinar a un becado o a un programa en general. Otra vía de ayudar es a través de donaciones.

Pese al esfuerzo que implicó llevar adelante el proyecto, Montemerlo no se arrepiente de su decisión de vida: “Lo elegiría una y otra vez. Estar todos los días en las escuelas y ver que los chicos que nos decían que no iban a estudiar ahora estén recibidos, es una alegría enorme”.

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