Un informe de Trendisty destacó los avances y transformaciones que experimentó la industria del gaming en los últimos años


Los videojuegos están en boca de todos y durante los últimos años la industria del gaming creció en forma exponencial. Ese movimiento acelerado evidenció un proceso que ya estaba ocurriendo en forma más progresiva y catapultó la visibilidad de todas las áreas de ese ecosistema.

El crecimiento de la industria no solo impacto en los videojuegos, sino que tuvo un efecto en todos los ejes que los rodean. Desde una tendencia más clara en la profesionalización de los deportes electrónicos, a la creación de nuevas salidas laborales que no eran ni siquiera una posibilidad hasta hacer algunos años, el gaming logró expandirse a lo largo de toda la cultura y alcanzar a cada vez más generaciones. Ese fue el planteo que analizó el nuevo informe del Observatorio de Tendencias de Trendsity.

“Sus comunidades evolucionan, se adaptan a las tendencias, se reinventan. Hoy no hablamos de una actividad individual sino de un movimiento cultural que desafía y acelera cambios en diferentes industrias”, destacó Mariela Mociulsky, CEO de Trendsity.

De esta forma, el estudio analiza cómo impactó la evolución del gaming, que pasó de ser un concepto asociado -por el público general- con un pasatiempo a consolidarse como un espacio que establece nuevos comportamientos y hábitos que se expanden a otras áreas. El informe presenta 9 “movilizadores culturales” que son los que definen las distintas tendencias que hoy cruzan a la escena del gaming y que ayudan a definir ese universo que es cada vez más amplio, diverso y que propone nuevas formas de participar en la industria del entretenimiento.

El espacio de “lo que se puede ser”

En el informe destacan que es una instancia en la que los usuarios pueden construir identidades, pero también explorar y transformar diferentes gustos, estéticas y actitudes. Contra otras esferas del entretenimiento en las que las personas son actores estáticos, el gaming pone a los jugadores en el centro y los invita a involucrarse con las historias, ser parte y tomar decisiones que impactan de lleno en la narrativa.

Los usuarios no solo tienen la posibilidad de identificarse. También pueden experimentar una multiplicidad de realidades, entrar en contacto con vivencias desconocidas hasta el momento o imaginar escenarios ideales.

Nadie se queda afuera

Los videojuegos proponen un especio del que todos pueden formar parte. Como cualquier otro ámbito, el gaming todavía tiene que lidiar con desigualdades o actitudes que tienden a la exclusión, pero también es cierto que cada vez más comunidades tienen su espacio y la construcción de nuevas narrativas es constante. Eso se traslada a una gran parte de los jugadores que esperan que los juegos sean, progresivamente, más diversos y representativos de distintas realidades.

Además, la pluralidad de plataformas, géneros y posibilidades de acceso hace que sea un mundo en el que más generaciones pueden participar. Cada vez más lejos de la idea única del jugador hardcore, el juego casual se abre camino y -sobre todo gracias al rol del gaming mobile- ofrece un lugar atractivo para audiencias que se podían sentir excluidas.

El lugar donde todo confluye

Hoy el gaming se posiciona como el lugar en el que hay que estar: músicos que juegan y lo transmiten en Twitch, deportistas que deciden formar parte de organizaciones de esports, actores que aspiran a ser protagonistas de la próxima adaptación de un juego que llegue a una plataforma de streaming. Todo confluye a través de una nueva forma de construcción cultural que crece alrededor de los videojuegos.

Contra la idea que piensa al gaming como un nicho, en los últimos años se demostró que es una de las áreas del entretenimiento más dinámicas, que establece nuevas formas de consumo y que, no solo construye nuevos referentes en forma constante, sino que también suma figuras de sectores “tradicionales” que ven ahí una tendencia que no va a dejar de crecer.

El entretenimiento del presente

“El valor pasa por aportar la experiencia de entretenimiento única con contenidos relevantes que vinculan al gaming como un estilo de vida cultural. Los gamers hoy hablan en sus streams de la cultura en general desde reviews de videojuegos, cómics, películas hasta debates políticos, ganan terreno como influencers y creadores de contenidos”, explica Mociulsky.

El informe destaca que el gaming ya dejó de ser solo videojuegos para pasar a ser una forma de consumir entretenimiento. La construcción de comunidades a través de plataformas como Twitch o YouTube, la interacción fluida y en tiempo real, son herramientas que se popularizaron de la mano de los juegos y que hoy aprovechan creadores de contenidos de todas las esferas.

Organizaciones como 9z se convirtieron en una referencia para América Latina y una inspiración para una generación que ve en los esports su futuro profesional (Imagen PGL | Stefan Petrescu)

Un semillero de nuevas profesiones

El quinto punto del informe destaca el recorrido de los gamers, que pasaron de solo interactuar con los videojuegos como parte de un hobby a tener cada vez posibilidades gracias al desarrollo de la escena competitiva. Hoy ser jugador de esports es un nuevo aspiracional y un objetivo profesional concreto para las nuevas generaciones.

El player aparece como la figura más visible, pero hoy los clubes nuclean un número enorme de posibilidades laborales que se siguen expandiendo: entrenadores, psicólogos, nutricionistas, equipos de comunicación, diseñadores, editores de video, organizadoras de eventos, entre otros. En este contexto, las competiciones -que, además, crecen en número a medida que se consolidan nuevas disciplinas- toman cada vez más relevancia y, año a año, atraen audiencias más grandes.

El gaming como instancia de aprendizaje

Aunque no es algo nuevo, es cierto que los videojuegos y sus mecánicas tienen un lugar cadas vez más destacado a la hora de ofrecer herramientas para incorporar conocimientos. La gamificación, destacan, ofrece un vínculo más focalizado en la experiencia y lo sensorial, lo que permite una interacción más profunda con el entorno y la información.

“Es una herramienta definitivamente democratizadora de la educación y del aprendizaje/capacitación. A través de escenarios simulados y entornos lúdicos y experienciales está comprobado que es muy adecuado para incorporar ciertos aprendizajes o conceptos complejos”, señala Mociulsky.

Fuente: Infobae